Apagones paralizan casi la mitad de las horas laborales en la industria venezolana
La industria manufacturera venezolana enfrenta un grave desafío, al reportar la pérdida del 44% de sus horas laborales durante el segundo trimestre de 2026 debido a const
La industria manufacturera venezolana, a pesar de mostrar signos de crecimiento, opera bajo una jornada laboral cada vez más insostenible. Un informe reciente de Conindustria reveló que durante el segundo trimestre de 2026, las empresas del sector manufacturero perdieron una alarmante proporción de sus horas productivas a causa de las fallas en el suministro eléctrico. Específicamente, se registraron 214 horas sin electricidad de un total de 488 horas laborables en el período, lo que representa una interrupción que asciende al 44% del tiempo destinado a la producción.
Esta situación no es un mero inconveniente, sino un freno directo a la productividad y competitividad de las empresas. La incapacidad de operar de manera continua se traduce en pérdidas económicas significativas, incumplimiento de plazos de entrega, aumento de costos operativos por el uso de generadores alternativos y una marcada reducción en la capacidad de innovar y expandirse. El esfuerzo por mantener la operatividad se vuelve una lucha constante contra una infraestructura energética deficiente.
La crisis del sector eléctrico en Venezuela es un problema estructural que se ha agudizado con el tiempo, afectando no solo a la industria sino a todos los sectores de la vida nacional. La falta de inversión en mantenimiento, modernización y expansión de la red de generación y distribución, así como la escasez de personal calificado, han llevado a un deterioro progresivo del sistema. Los apagones, que se manifiestan con mayor o menor intensidad en distintas regiones, son un reflejo de esta profunda crisis que exige soluciones integrales y sostenibles.
Para que la industria venezolana pueda consolidar su crecimiento y contribuir de manera efectiva a la recuperación económica del país, es imperativo garantizar un suministro eléctrico estable y confiable. La actual fragilidad del sistema energético representa uno de los mayores obstáculos para cualquier iniciativa de desarrollo productivo. Superar esta barrera es fundamental para asegurar la sostenibilidad de las operaciones manufactureras y fomentar un ambiente propicio para la inversión y la generación de empleo en el futuro.