Trump vincula la reactivación del oleoducto Keystone XL a un acuerdo comercial con Canadá

Estados Unidos y Canadá enfrentan una fecha límite para cerrar un acuerdo comercial, con la amenaza de aranceles persistente y las exportaciones automotrices como punto d

Las negociaciones comerciales entre Estados Unidos y Canadá han entrado en una fase crítica, con una fecha límite inminente y la sombra de aranceles del 50% que el presidente Donald Trump había amenazado con imponer.

A pesar de haber conseguido un breve respiro de tres días, Washington y Ottawa tienen hasta el viernes para resolver una de sus disputas más significativas, centrada principalmente en las exportaciones canadienses de automóviles, un sector vital para la economía de ambos países.

En un giro que añade una dimensión energética a las complejas conversaciones, el presidente Trump introdujo la noche del martes la posibilidad de "despertar de la tumba" al oleoducto Keystone XL.

Este proyecto, con una capacidad de transporte de 830.000 barriles de petróleo por día, ha sido un punto de contención durante años y ahora se presenta como un elemento crucial dentro de un posible acuerdo comercial bilateral.

La declaración de Trump sugiere que un "TRATO" está al alcance, pendiente únicamente de la finalización de los documentos.

El oleoducto Keystone XL, diseñado para transportar petróleo crudo desde las arenas bituminosas de Alberta, Canadá, hasta refinerías en la costa del Golfo de Estados Unidos, ha sido objeto de intensos debates ambientales y políticos.

Mientras sus defensores argumentan que es esencial para la seguridad energética de Estados Unidos y la creación de empleo, sus detractores señalan preocupaciones significativas sobre el cambio climático, derrames de petróleo y la soberanía de las tierras indígenas por donde pasaría la ruta.

Su reactivación representaría un triunfo para la industria petrolera y un revés para los grupos ecologistas que han luchado por su detención.

La inclusión de la infraestructura energética en las negociaciones comerciales subraya la interconexión entre la política energética y las relaciones diplomáticas y económicas. La eventual aprobación o rechazo de este componente no solo afectará el futuro del acuerdo comercial entre EE. UU. y Canadá, sino que también redefinirá el panorama de la infraestructura petrolera en Norteamérica y sentará un precedente sobre cómo los proyectos energéticos a gran escala pueden ser utilizados como moneda de cambio en la política internacional.

El desenlace de las conversaciones, que se espera para el viernes, será crucial para determinar el futuro de estas complejas relaciones.