Andrés Velásquez atribuye apagones en Venezuela a la corrupción, no al cambio climático

El líder opositor Andrés Velásquez ha reafirmado que la raíz de los recurrentes apagones y el racionamiento eléctrico en Venezuela reside en la corrupción sistemática del

El líder político venezolano Andrés Velásquez ha vuelto a poner en el centro del debate la causa principal de la severa crisis eléctrica que azota a Venezuela, al afirmar categóricamente que los recurrentes apagones son producto de la corrupción y no de los efectos del cambio climático. Sus declaraciones se producen mientras la mayoría de las regiones del país experimentan racionamientos constantes, con el Distrito Capital y el estado Amazonas siendo, según informes populares, las únicas jurisdicciones que se libran de estos cortes programados o imprevistos. Esta situación subraya la profunda precariedad de un sistema eléctrico que fue uno de los más robustos de la región.

La crisis del sector eléctrico en Venezuela no es un fenómeno reciente; data de hace más de una década y se ha profundizado progresivamente, afectando la calidad de vida de millones de ciudadanos y la operatividad de la economía. Aunque el gobierno ha atribuido en diversas ocasiones las fallas a factores externos, sabotajes o fenómenos climáticos extremos, las voces críticas, como la de Velásquez, insisten en señalar la falta de inversión, el mantenimiento deficiente y, sobre todo, la malversación de fondos públicos destinados a la infraestructura energética como los verdaderos responsables del colapso. Grandes proyectos de expansión y modernización, que implicaron cuantiosas sumas de dinero, nunca llegaron a materializarse o funcionaron de manera precaria.

La corrupción dentro de las empresas estatales encargadas de la generación, transmisión y distribución de energía ha provocado una erosión sistemática de la capacidad operativa del sistema. La adquisición de equipos obsoletos o inadecuados, la desviación de recursos para repuestos y mejoras, y la contratación de servicios sobrefacturados han minado la resiliencia de la red eléctrica venezolana. Este escenario ha llevado a que centrales hidroeléctricas como Guri, columna vertebral del suministro, operen por debajo de su capacidad óptima y que las termoeléctricas estén en condiciones críticas, incapaces de responder a la demanda nacional.

El impacto de esta crisis se siente directamente en los hogares, hospitales, escuelas y comercios, donde los apagones prolongados son la norma, afectando la conservación de alimentos, la educación, la productividad laboral y la seguridad ciudadana. La persistencia de esta problemática, cuya resolución es fundamental para la recuperación económica y social del país, sigue siendo un desafío primordial y un punto de fricción en el discurso político venezolano, con la población clamando por soluciones duraderas y transparentes que restauren un servicio básico y esencial.