El deterioro acumulado de las refinerías venezolanas obstaculiza la producción de crudo y derivados
Trabajadores de las refinerías Amuay y Cardón en Venezuela revelaron a Reuters que la crónica falta de inversión, la escasez de insumos y las recurrentes fallas en equipo
Trabajadores de las refinerías venezolanas de Amuay y Cardón, pilares fundamentales del Complejo Refinador de Paraguaná, han alertado a la agencia Reuters sobre la crítica situación que atraviesan estas instalaciones. Según sus testimonios, la acumulación de años de falta de inversión, la escasez crónica de insumos esenciales y las constantes fallas técnicas en los equipos han llevado a una degradación operativa que impide satisfacer la demanda interna de combustible del país. Esta situación pone de manifiesto el severo deterioro de la infraestructura energética venezolana.
La inoperatividad parcial o total de unidades clave en ambas refinerías ha mermado significativamente su capacidad de procesamiento de crudo, impactando directamente en la producción de gasolina, diésel y otros derivados necesarios para el consumo nacional. La carencia de repuestos, los problemas de mantenimiento preventivo y correctivo, y la migración de personal técnico especializado son factores que han contribuido a este colapso progresivo, llevando a Venezuela, uno de los países con las mayores reservas petroleras del mundo, a enfrentar una recurrente escasez de combustible.
Esta problemática no solo afecta la movilidad de los ciudadanos y el transporte de mercancías, sino que también tiene repercusiones profundas en la economía productiva del país, paralizando sectores clave y exacerbando la crisis económica. La capacidad de procesamiento de crudo de Venezuela, que alguna vez superó los 1.3 millones de barriles diarios, se ha visto drásticamente reducida a una fracción mínima de su potencial debido a las deficiencias operativas y la falta de rehabilitación de sus complejos refinadores.
En este contexto de profunda crisis, el artículo señala que, mientras Estados Unidos impulsa la producción petrolera global, su política no parece enfocarse en la restauración de las infraestructuras de refinación en Venezuela. Esta perspectiva geopolítica subraya la compleja interconexión entre las necesidades internas de Venezuela y las dinámicas energéticas internacionales, dejando a las refinerías en un limbo de deterioro que compromete la soberanía energética y la estabilidad económica del país a largo plazo.