Cuba cumple tres meses sin combustible: el bloqueo petrolero paraliza su economía y sistema eléctrico
El presidente cubano, Miguel Díaz-Canel, ha informado que la isla lleva tres meses sin recibir combustible desde enero, lo que ha paralizado la generación eléctrica distr
El presidente de Cuba, Miguel Díaz-Canel, ha alertado sobre la crítica situación energética que atraviesa la isla, al confirmar que desde enero no ha recibido "ni una gota de combustible". Esta prolongada escasez, que ya suma tres meses, ha tenido un impacto devastador en la capacidad operativa del país, especialmente en el sector de la generación eléctrica.
La falta de combustibles como el diésel y el fueloil ha paralizado por completo la denominada generación distribuida, un componente vital del sistema eléctrico cubano que depende de motores para suministrar energía a diversas regiones. La imposibilidad de operar estas plantas ha provocado una drástica reducción en la oferta energética nacional, exacerbando los apagones y la inestabilidad en el servicio eléctrico que ya eran un problema recurrente para la población.
La administración cubana ha atribuido esta severa crisis a un "bloqueo petrolero", haciendo referencia a las sanciones y restricciones que limitan el acceso de la isla a los mercados internacionales de hidrocarburos. La parálisis de la generación eléctrica y la escasez general de combustible afectan directamente el transporte público y de carga, la producción industrial y agrícola, y la vida cotidiana de millones de cubanos, quienes enfrentan dificultades para movilizarse y acceder a servicios básicos.
Esta situación subraya la alta vulnerabilidad de Cuba a las fluctuaciones en el suministro de energéticos y a las presiones geopolíticas. La dependencia de fuentes externas para la energía y la limitada capacidad de refinación interna hacen que el país sea particularmente susceptible a interrupciones en la cadena de suministro, profundizando una crisis económica que se extiende a múltiples facetas de la sociedad cubana. La búsqueda de soluciones a largo plazo para garantizar la soberanía energética se vuelve, en este contexto, una prioridad ineludible.