La quema global de gas natural por flaring alcanza su punto más alto desde 2019, generando alarma: ¿qué implicaciones tiene para Argentina?

La quema de gas natural en antorchas (flaring) a nivel global se incrementó por tercer año consecutivo en 2025, alcanzando los 167.000 millones de metros cúbicos, su nive

La práctica de la quema de gas natural en antorchas, conocida internacionalmente como flaring, ha escalado a niveles alarmantes a nivel global. En 2025, este fenómeno registró un aumento por tercer año consecutivo, alcanzando la cifra de 167.000 millones de metros cúbicos (bcm) quemados. Este volumen representa el punto más alto registrado en el planeta desde 2019, encendiendo las alarmas de expertos y organizaciones ambientales por sus profundas implicaciones.

El incremento sostenido del flaring no solo implica una ineficiencia en la gestión de los recursos energéticos, sino que conlleva graves consecuencias ambientales. La quema de gas natural libera a la atmósfera grandes cantidades de dióxido de carbono (CO2) y metano, dos de los gases de efecto invernadero más potentes, exacerbando el cambio climático. Además, produce contaminantes atmosféricos locales que pueden afectar la salud de las comunidades cercanas a las operaciones petroleras y gasíferas, generando un impacto negativo directo en la calidad del aire y los ecosistemas.

Desde una perspectiva económica, la quema de gas natural representa una pérdida significativa de un recurso valioso que podría ser utilizado para la generación de energía, el desarrollo industrial o la exportación, generando ingresos y desarrollo. La incapacidad de capturar, procesar y comercializar este gas se debe a menudo a la falta de infraestructura adecuada, inversiones insuficientes o regulaciones laxas. Ante este escenario, la comunidad internacional y los gobiernos de los países productores están bajo una creciente presión para implementar tecnologías y políticas que reduzcan drásticamente esta práctica derrochadora y dañina.

Mientras el mundo observa con preocupación esta tendencia ascendente, regiones como Latinoamérica, ricas en recursos de hidrocarburos, enfrentan sus propios desafíos. El artículo original plantea la interrogante sobre '¿qué ocurre en Argentina?', un país con significativas reservas de gas natural, especialmente en formaciones no convencionales como Vaca Muerta. La gestión del flaring en naciones productoras como Argentina es crucial no solo para cumplir con compromisos ambientales globales, sino también para optimizar el aprovechamiento de sus recursos energéticos y garantizar un desarrollo sostenible del sector, impulsando la infraestructura necesaria para la captura y uso del gas actualmente quemado.