Economía más estable y sin democratización: el escenario de Venezuela en 2026
Un estudio del Centro de Estudios Políticos y de Gobierno de la Universidad Andrés Bello proyecta que Venezuela experimentará un crecimiento robusto de su Producto Intern
El Centro de Estudios Políticos y de Gobierno de la Universidad Andrés Bello ha publicado sus proyecciones para Venezuela, delineando un escenario donde la economía del país sudamericano alcanzaría una mayor estabilidad hacia 2026. Este pronóstico se sustenta principalmente en un notable crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB) petrolero, esperado para el segundo semestre del año en curso y con continuidad en los próximos años.
Crucialmente, el informe subraya que esta mejora económica se daría en un contexto de ausencia de transición política. Esta particularidad sugiere que las políticas energéticas y la estructura de gobernanza del sector petrolero, que actualmente rigen en Venezuela, se mantendrían sin cambios sustanciales. Tal continuidad podría influir en las estrategias de producción, inversión extranjera y manejo de sanciones, impactando directamente en la capacidad del país para maximizar sus vastas reservas de hidrocarburos.
El esperado 'fuerte crecimiento del PIB petrolero' es un elemento central en la visión del Centro Andrés Bello. Este incremento estaría impulsado probablemente por factores como una mayor producción, una flexibilización tácita o explícita de ciertas restricciones internacionales, o mejoras operativas dentro de la estatal Petróleos de Venezuela (PDVSA). Un PIB petrolero robusto podría traducirse en mayores ingresos para el Estado, aunque el informe no profundiza en cómo estos recursos podrían ser gestionados o distribuidos en una economía que aún enfrenta desafíos estructurales.
En este panorama, Venezuela se perfila hacia una consolidación económica cimentada en el sector energético, que históricamente ha sido el motor de su desarrollo. La perspectiva de una economía más estable, aunque desvinculada de cambios políticos profundos, plantea interrogantes sobre la sostenibilidad a largo plazo y la diversificación económica, así como sobre el impacto social de un modelo que prioriza el sector petrolero sin una democratización paralela.