Esteban Kiper y el desafío de la transición energética: «El regulador debe evitar que la nueva red sea más regresiva»

Esteban Kiper, consultor de OLADE y exgerente general de Cammesa, advirtió sobre el riesgo de que la transición energética en América Latina genere una transferencia de c

La transición energética en América Latina representa una oportunidad sin precedentes, pero también conlleva desafíos significativos que requieren una cuidadosa gestión. En este contexto, Esteban Kiper, reconocido consultor de la Organización Latinoamericana de Energía (OLADE) y exgerente general de Cammesa, ha emitido una contundente advertencia sobre los riesgos inherentes a este proceso. Kiper subraya la posibilidad de que, sin una planificación adecuada, la modernización de la matriz energética regional termine generando un mecanismo de transferencia de costos regresivo, afectando desproporcionadamente a los segmentos más vulnerables de la población.

El núcleo de la preocupación de Kiper radica en la formulación de las reglas de juego que rigen la infraestructura energética del futuro. Según el experto, si estas normativas no se diseñan con la máxima precisión y visión de equidad, la vasta inversión en tecnologías limpias y la digitalización de las redes eléctricas podría traducirse en tarifas más altas para los consumidores finales, especialmente aquellos con menor capacidad económica. La principal responsabilidad, en este escenario, recae sobre los entes reguladores, quienes deben asegurar que la nueva configuración del sistema energético no solo sea eficiente y sostenible, sino también justa y equitativa.

La modernización tecnológica, si bien es indispensable para alcanzar los objetivos de descarbonización y resiliencia energética, no puede ser un fin en sí misma sin considerar su impacto social. La falta de una planificación regulatoria rigurosa podría exacerbar las desigualdades existentes y crear nuevas brechas de acceso a la energía. Kiper alerta que, de no actuar proactivamente, la región podría replicar errores del pasado, donde los beneficios de los avances tecnológicos se concentraron en unos pocos, mientras los costos se socializaron de manera injusta. Este escenario podría socavar la legitimidad pública de la transición energética.

La visión de Kiper pone de manifiesto la urgencia de un debate profundo y constructivo entre gobiernos, reguladores, empresas y la sociedad civil. Es imperativo que los marcos regulatorios no solo fomenten la inversión privada y la innovación, sino que también incorporen mecanismos de protección al consumidor y de distribución equitativa de las cargas y los beneficios. Para América Latina, una región con marcadas desigualdades socioeconómicas, la tarea de construir una red energética moderna que sea progresiva y accesible para todos es un desafío crucial que definirá el éxito de su camino hacia un futuro energético sostenible y justo.