Venezuela reafirma su postura ante la disputa territorial del Esequibo con Guyana
La vicepresidenta de Venezuela, Delcy Rodríguez, reiteró este lunes la postura del gobierno de no reconocer la jurisdicción de la Corte Internacional de Justicia (CIJ) en
La vicepresidenta ejecutiva de Venezuela, Delcy Rodríguez, reafirmó este lunes la inquebrantable postura del gobierno de Caracas respecto a la controversia territorial del Esequibo, enfatizando el desconocimiento de la jurisdicción de la Corte Internacional de Justicia (CIJ) en este asunto. La declaración subraya una línea diplomática mantenida por Venezuela a lo largo de décadas, que sostiene que el único instrumento legal válido para la resolución de la disputa es el Acuerdo de Ginebra de 1966.
La controversia sobre el territorio del Esequibo, una vasta región de aproximadamente 160.000 kilómetros cuadrados rica en biodiversidad y, crucialmente, con un potencial significativo en hidrocarburos en sus aguas adyacentes, ha escalado en los últimos años debido a los hallazgos petroleros de Guyana. Venezuela reclama el territorio basándose en mapas de la época colonial y en la supuesta nulidad del Laudo Arbitral de París de 1899, que otorgó la mayor parte del territorio a la entonces Guyana Británica.
La insistencia de Venezuela en el Acuerdo de Ginebra radica en que este documento establece un mecanismo para una solución práctica y satisfactoria de la disputa, abriendo la puerta a negociaciones directas. Sin embargo, Guyana ha acudido a la CIJ, buscando una ratificación del laudo de 1899, una instancia que Caracas ha rechazado sistemáticamente, argumentando que la CIJ no tiene competencia para dirimir este caso.
La reafirmación de la postura venezolana no solo tiene implicaciones diplomáticas y territoriales, sino que también resuena profundamente en el ámbito energético. Las exploraciones y concesiones petroleras otorgadas por Guyana en las aguas del Esequibo han sido un punto de tensión constante, con Venezuela calificándolas de ilegales. La resolución o la continuidad de esta disputa tiene un impacto directo en la estabilidad regional y en las proyecciones de inversión y producción de petróleo y gas en una de las cuencas más prometedoras del mundo.