Sistema eléctrico venezolano en crisis: opera solo al 36% de su capacidad en medio de apagones y récords de demanda
El sistema eléctrico venezolano opera solo al 36% de su capacidad, incapaz de cubrir una demanda que ha alcanzado su punto más alto en nueve años, lo que provoca constant
El sistema eléctrico de Venezuela se encuentra en una situación crítica, operando a tan solo el 36% de su capacidad instalada, lo que lo califica como un sistema en "terapia intensiva". Esta alarmante cifra se produce en un contexto donde la demanda energética ha alcanzado su punto más alto en los últimos nueve años, exacerbando los problemas de suministro y dejando a vastas zonas del interior del país sumidas en prolongados y constantes apagones. La disparidad entre la capacidad de generación y la creciente necesidad de electricidad subraya una crisis de infraestructura profunda y prolongada.
Actualmente, la red eléctrica venezolana apenas logra generar 13.000 megavatios (MW), una cifra marcadamente inferior a lo que el país requiere para un funcionamiento óptimo y muy por debajo de su potencial teórico. Esta insuficiencia en la oferta eléctrica contrasta drásticamente con los picos de demanda registrados, que superan con creces la capacidad operativa actual del sistema. La consecuencia directa es una inestabilidad generalizada que afecta tanto a hogares como a la productividad económica nacional.
Mientras el gobierno atribuye la intensificación de los apagones a las elevadas temperaturas, que ciertamente incrementan el consumo, la raíz del problema yace en años de desinversión y falta de mantenimiento. La situación se agrava por la renuencia de actores internacionales clave del sector, como los gigantes Siemens y GE Vernova, a participar en proyectos de recuperación y modernización. Estas empresas, cruciales para la rehabilitación tecnológica del sistema, han expresado dudas significativas sobre la viabilidad de invertir, citando la ausencia de garantías de pago y la inestabilidad del entorno económico y político.
La persistente crisis eléctrica no solo interrumpe la vida diaria de millones de venezolanos, sino que también representa un freno considerable para cualquier intento de recuperación económica. La falta de un suministro eléctrico confiable afecta industrias, comercios y servicios esenciales, creando un ciclo vicioso de deterioro. Superar esta coyuntura requerirá no solo un esfuerzo técnico y financiero masivo, sino también la construcción de un marco de confianza que permita atraer la inversión extranjera y el conocimiento especializado indispensable para reconstruir una infraestructura vital para el futuro del país.