«Terrorismo económico contra todas las naciones»: Líderes energéticos debaten conflicto en Medio Oriente y el futuro del petróleo

La conferencia energética más importante del mundo abrió sus puertas bajo la sombra de la mayor disrupción de oferta en la historia, marcada por el conflicto en Medio Ori

La cumbre energética global más influyente, CERAWeek en Houston, inició esta semana bajo una sombra sin precedentes: la mayor disrupción de oferta en la historia del sector, producto del escalamiento del conflicto en Medio Oriente. El evento, que congrega a los pesos pesados de la industria, se convirtió en un foro para la urgente discusión sobre la seguridad energética global y las profundas implicaciones geopolíticas que amenazan la estabilidad del suministro de petróleo y gas. Las voces que definieron el primer día dejaron clara la gravedad de la crisis y la interconexión de la energía con la seguridad internacional.

Una de las intervenciones más impactantes provino de Abu Dabi, en formato virtual. Sultan Ahmed Al Jaber, CEO de ADNOC y ministro de Industria y Tecnología Avanzada de los Emiratos Árabes Unidos, articuló la preocupación central del sector. «Veintiún millas de ancho. Veinte millones de barriles por día. Casi una quinta parte del petróleo y el gas mundial», dijo, refiriéndose al Estrecho de Ormuz. Al Jaber fue categórico: «Militarizar el Estrecho de Ormuz no es un acto de agresión contra una nación. Es terrorismo económico contra todas las naciones. Y ningún país debería poder tener a Ormuz como rehén». Su testimonio fue aún más contundente al revelar que ADNOC ha sufrido «golpes que ninguna empresa civil debería soportar», reforzando un modelo de progreso pragmático frente a la adversidad.

La gravedad de la situación no solo se manifestó en lo dicho, sino también en lo no dicho. Un dato elocuente fue la notoria ausencia de Amin Nasser, CEO de Saudi Aramco, quien canceló su participación presencial y no envió ningún mensaje. Nasser, orador estelar habitual en CERAWeek, permaneció en Riad para gestionar la crisis operativa que enfrenta su empresa. Ante el cierre del Estrecho de Ormuz, Aramco recortó voluntariamente dos millones de barriles diarios de producción en dos campos, desviando el resto del crudo desde su costa este hasta la costa oeste, específicamente al puerto de Yanbu, sobre el Mar Rojo. Este mismo puerto fue blanco de un ataque coordinado, con un dron impactando la refinería SAMREF, una empresa conjunta estratégica.

El mensaje final de Al Jaber resonó como una advertencia a la comunidad global: «Pueden elegir ser arquitectos de la estabilidad o espectadores de la volatilidad». Esta dicotomía resume la encrucijada que enfrenta el sector energético mundial. La crisis en Medio Oriente no es solo un conflicto regional; es un catalizador que expone la fragilidad de las cadenas de suministro energéticas globales y subraya la necesidad imperante de cooperación internacional para salvaguardar la seguridad y la estabilidad de un recurso vital para todas las naciones.