El presidente Trump aprueba el oleoducto "Keystone Light" para crudo canadiense hacia Estados Unidos

La empresa Bridger Pipeline LLC ha propuesto un megaoleoducto, apodado "Keystone Light", para transportar más de un millón de barriles diarios de crudo canadiense a Estad

La empresa Bridger Pipeline LLC ha presentado una propuesta ambiciosa para un nuevo oleoducto, bautizado como "Keystone Light", destinado a facilitar el transporte de crudo canadiense hacia el mercado estadounidense. Este proyecto, que rememora por su magnitud y objetivo al controvertido Keystone XL, ha recibido luz verde por parte del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, marcando un hito significativo para el sector energético norteamericano.

El oleoducto 'Keystone Light' proyecta una capacidad superior a 1 millón de barriles por día (bpd) y se extendería a lo largo de casi 1.050 kilómetros. Su recorrido abarcaría desde la frontera entre Estados Unidos y Canadá en el condado de Phillips, Montana, hasta Guernsey, Wyoming. Se estima que la inversión necesaria para esta infraestructura de 36 pulgadas de diámetro rondará los 2 mil millones de dólares, lo que subraya la envergadura de la iniciativa en términos económicos y logísticos.

La denominación 'Keystone Light' no es casual, ya que el proyecto comparte similitudes notables con el oleoducto Keystone XL, una iniciativa que fue vehementemente debatida y finalmente cancelada en 2021 por el expresidente estadounidense Joe Biden. La resurrección de una propuesta de infraestructura de esta magnitud bajo una nueva administración y con un nombre distintivo, aunque similar, pone de manifiesto la polarización y las complejidades políticas que rodean a los proyectos de transporte de hidrocarburos a gran escala en Norteamérica.

La aprobación presidencial de este nuevo oleoducto podría tener implicaciones sustanciales para la seguridad energética de Estados Unidos, al garantizar un flujo constante y robusto de crudo pesado desde Canadá, uno de sus principales proveedores. Para la industria petrolera, representa una señal de apoyo a la expansión de la infraestructura de combustibles fósiles, contrastando con las políticas de transiciones energéticas más restrictivas. Este desarrollo subraya la continuidad de la relevancia del petróleo canadiense en la matriz energética de la región, pese a los desafíos medioambientales y las disputas políticas asociadas.