De las iguanas al sol: Anatomía de una excusa eléctrica en Venezuela
Durante décadas, Venezuela ostentó una de las infraestructuras eléctricas más sólidas de América Latina, capaz de satisfacer su demanda interna y proyectar excedentes. No
A principios del siglo XXI, Venezuela se erigía como un referente regional en materia de infraestructura eléctrica. El Sistema Eléctrico Nacional (SEN), anclado en la monumental represa de Guri y complementado por una extensa red de transmisión y centrales termoeléctricas, no solo garantizaba el autoabastecimiento del país, sino que incluso le permitía proyectar excedentes energéticos, un logro envidiable para muchas naciones latinoamericanas.
Sin embargo, esa robusta fortaleza se ha desmoronado de manera dramática en las últimas dos décadas. Lo que fue un sistema modelo es hoy una crónica de apagones constantes, racionamientos severos y un servicio inestable que ha sumido a la nación en una profunda crisis energética. La caída se atribuye a una combinación letal de falta de inversión crónica, corrupción rampante, mala gestión administrativa y una desprofesionalización progresiva de los equipos técnicos y gerenciales.
El análisis del autor, Alfonzo Bolívar, pone el foco en la proliferación de excusas que han buscado desviar la atención de las causas estructurales. Bajo la alegoría "De las iguanas al sol", se critican las narrativas recurrentes que atribuyen las fallas a supuestos sabotajes, eventos climáticos como sequías extremas que afectan a Guri, o incluso incidentes menores como animales (las ya famosas "iguanas") interrumpiendo circuitos. Estas justificaciones, a menudo simplistas y sin respaldo técnico profundo, han servido para evadir la responsabilidad sobre el deterioro estructural y la ausencia sistemática de mantenimiento preventivo y correctivo.
La verdadera anatomía de la crisis eléctrica venezolana revela un diagnóstico mucho más complejo y menos fortuito. No se trata de incidentes aislados o fenómenos naturales incontrolables, sino del resultado predecible de años de desidia, decisiones políticas erradas y una gestión ineficiente que ha llevado al sistema al borde del colapso. Las consecuencias son devastadoras para la vida diaria de los venezolanos, la productividad económica, la salud pública y la calidad de vida en general, evidenciando la urgente necesidad de una reingeniería profunda y transparente del SEN, que vaya más allá de las justificaciones superficiales.