Fernando Luis Egaña: Es hora de intensificar la lucha

Fernando Luis Egaña advierte que la pasividad social en Venezuela solo fortalece al poder establecido, beneficiado por ciertas flexibilizaciones o la inacción de Washingt

En un reciente análisis, el reconocido periodista y comentarista político Fernando Luis Egaña subraya una preocupante dinámica en el panorama venezolano: la inercia social y la expectativa general de la población actúan como un factor estabilizador para el poder establecido. Egaña argumenta que la pasividad del país, sumida en una espera constante, es el escenario ideal para que el gobierno actual mantenga su control. Esta situación se agrava al considerar el ambiguo papel de Washington, cuyas políticas recientes han sido interpretadas, en ocasiones, como un respaldo velado o una atenuación de la presión sobre el régimen.

El "poder establecido" en Venezuela, caracterizado por su control férreo sobre las instituciones y los recursos clave, incluyendo la vital industria petrolera a través de PDVSA, capitaliza esta falta de movilización. La capacidad de maniobra del gobierno para navegar las complejidades internas y externas se ve reforzada cuando la sociedad civil no presenta una oposición cohesionada y activa. La gestión de los activos energéticos, desde la extracción hasta la comercialización, se convierte en una herramienta fundamental para su subsistencia y la capacidad de sortear las sanciones internacionales.

La influencia de Washington en este tablero geopolítico es innegable y multifacética. Durante varios meses, la política estadounidense ha oscilado entre la imposición de duras sanciones y la flexibilización de algunas medidas, particularmente en el sector petrolero, bajo la premisa de facilitar diálogos políticos o aliviar la crisis humanitaria. Sin embargo, Egaña sugiere que este "amparo" o la falta de una estrategia contundente por parte de Estados Unidos, ha permitido al gobierno venezolano consolidar su posición, afectando directamente la posibilidad de una verdadera reactivación del sector energético que beneficie al país en su conjunto.

La permanencia de esta dinámica política y la prolongación de la "expectativa" nacional tienen consecuencias directas y perjudiciales para la recuperación económica y energética de Venezuela. La industria petrolera, motor histórico de la nación, sigue operando muy por debajo de su capacidad, estrangulada por la falta de inversión, la corrupción y las complejidades derivadas del esquema de sanciones y sus eventuales levantamientos. La lucha a la que Egaña convoca implica no solo una reorientación política interna, sino también una presión más efectiva para que los actores internacionales adopten posturas que verdaderamente promuevan una resolución a la crisis integral que azota al país.