Shale 2.0: Argentina ajusta el RIGI para el desarrollo de Vaca Muerta

Argentina ha modificado el Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI) para adaptarlo mejor a las características únicas de los proyectos de shale en Vaca Muerta

El Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI) en Argentina fue concebido inicialmente para proyectos con largos períodos de recuperación de capital. Este marco estaba diseñado para empresas mineras que invierten años en exploración antes de extraer el primer mineral, plantas de licuefacción que demandan miles de millones antes de cargar un barco, o infraestructura de transmisión que solo genera ingresos una vez completada. Para calificar como un proyecto de “larga maduración” y acceder a 30 años de estabilidad fiscal y regulatoria, el RIGI exigía que los flujos de caja de los primeros tres años representaran menos del 30% del capital invertido.

El problema surgió en febrero pasado, cuando el Decreto 105/2026 incorporó el segmento de upstream onshore no convencional al universo del RIGI. Los pozos de Vaca Muerta, con su particular dinámica, no se comportan como una mina de cobre o un gasoducto tradicional. Un pozo de shale oil o gas inicia con una producción extremadamente alta, concentrando una porción significativa de los ingresos totales en sus primeros años. Esto provocaba que el cociente financiero –valor presente de los flujos netos de caja sobre valor presente de las inversiones, medido en los primeros 36 meses– se acercara o incluso superara el límite del 30% antes de que el proyecto hubiese desplegado siquiera la mitad de su inversión total (capex).

Esta “curva que no encajaba” fue identificada sin rodeos por la Secretaría de Energía en los considerandos de la Resolución 484/2026, publicada recientemente. La incorporación del upstream onshore no convencional al RIGI presentaba “características estructurales” que hacían incompatible el umbral original con el perfil real de estos proyectos. El shale de Neuquén es el pilar de la industria petrolera argentina, pero la imagen financiera de los primeros tres años no captura la economía real de un desarrollo completo de yacimientos no convencionales.

Para sostener una meseta de producción en Vaca Muerta, las operadoras deben perforar de manera continua, ya que cada pozo que declina exige uno nuevo para mantener el volumen deseado. Es, en esencia, una inversión perpetua, no un proyecto que se construye una vez y produce durante décadas sin mayor capital. Reconociendo esta paradoja —alta generación temprana de caja combinada con un compromiso de capital sostenido en el tiempo— el Ministerio de Economía elevó el umbral al 35%. Este ajuste de 5 puntos porcentuales es crucial para que los proyectos de shale puedan acceder plenamente a los beneficios del RIGI, facilitando así la atracción de grandes inversiones necesarias para el desarrollo continuo de Vaca Muerta.