México: Un Giro Forzado para Disminuir su Dependencia del Gas de EE. UU.
México enfrenta una brecha crítica en su suministro de gas natural, produciendo solo 2.3 Bcf/d frente a una demanda de 9 Bcf/d, lo que obliga al país a importar hasta el
La inminente presidencia de Claudia Sheinbaum en México se perfila como un catalizador para un giro estratégico en la política energética del país, forzado por una dependencia casi total del gas natural proveniente de Estados Unidos. Lo que antes podría haber sido una postura ideológica de activismo climático, ahora se confronta con la cruda realidad de una brecha energética insostenible. México, una de las economías más grandes de América Latina, consume alrededor de 9 mil millones de pies cúbicos diarios (Bcf/d) de gas natural, mientras que su producción interna apenas alcanza los 2.3 Bcf/d.
Esta disparidad deja al país en una posición de vulnerabilidad extrema, obligando a satisfacer entre el 70% y el 75% de su demanda mediante importaciones del vecino del norte, principalmente a través de gasoductos. Esta situación no solo subraya una dependencia económica, sino que también plantea serias interrogantes sobre la seguridad energética y la autonomía nacional en un recurso vital para la generación eléctrica y la industria. La necesidad de asegurar un suministro estable y asequible podría empujar a la administración de Sheinbaum a reconsiderar el desarrollo de recursos internos, incluyendo el gas de esquisto, una opción que previamente habría sido desestimada por consideraciones ambientales.
La génesis de esta profunda dependencia se encuentra en una combinación de factores históricos y económicos. Durante años, la cercanía geográfica a los vastos yacimientos de gas de esquisto de Estados Unidos, junto con la disponibilidad de infraestructura de transporte transfronteriza y precios competitivos, desincentivó la inversión en la exploración y producción doméstica. Además, las políticas energéticas pasadas no lograron impulsar una autosuficiencia significativa, dejando a México expuesto a las fluctuaciones del mercado estadounidense y a posibles interrupciones en el suministro.
El "giro forzado" al que se enfrenta México requerirá una estrategia multifacética. Esto podría incluir una revitalización de la exploración y producción de gas convencional y no convencional, la diversificación de fuentes de importación, quizás mediante terminales de gas natural licuado (GNL), y el fomento de la eficiencia energética. Para la presidenta Sheinbaum, una figura con antecedentes en la sostenibilidad, el desafío será encontrar un equilibrio entre las urgencias energéticas del país y los compromisos ambientales, transformando potencialmente su administración en un defensor pragmático del desarrollo de gas para garantizar la estabilidad energética de la nación.