Cocinar en la sombra de los apagones: El retorno del carbón en Cuba
Cuba enfrenta una severa crisis energética que ha provocado prolongados apagones en todo el país. Esta situación ha obligado a muchos hogares cubanos a recurrir masivamen
La acuciante crisis energética que atraviesa Cuba ha llevado a un drástico retroceso en las prácticas cotidianas de sus ciudadanos. Ante la persistencia y la prolongación de los apagones que azotan la isla, cada vez más hogares cubanos están recurriendo masivamente al uso de carbón vegetal y a las hornillas artesanales como método principal para cocinar, una solución que recuerda épocas pasadas y que evidencia la magnitud del colapso del sistema eléctrico nacional.
La raíz de esta problemática se encuentra en una compleja combinación de factores, incluyendo el deterioro de la infraestructura de las centrales termoeléctricas del país, la crónica escasez de combustibles fósiles, y la falta de inversión extranjera y divisas para modernizar la red. La dependencia del petróleo importado, sumada a las fluctuaciones en los precios internacionales y las limitaciones económicas propias de la isla, han creado un escenario de alta vulnerabilidad que impacta directamente en la capacidad de generación eléctrica. La insuficiente disponibilidad de gas licuado para uso doméstico agrava aún más la situación, empujando a las familias a buscar alternativas energéticas desesperadas.
Para miles de familias cubanas, la vuelta al carbón no es una elección, sino una necesidad impuesta por las circunstancias. Los sacos de carbón, antes menos comunes en las cocinas urbanas, ahora son productos de primera necesidad, y la adquisición de leña o la fabricación de hornillas improvisadas se han convertido en parte de la rutina diaria. Esta práctica, si bien resuelve la necesidad inmediata de cocinar, conlleva riesgos para la salud debido a la inhalación de humo y hollín, además de representar un gasto económico adicional en un contexto de inflación y bajos ingresos. Es un testimonio de la resiliencia, pero también de la dureza de la vida diaria en medio de la crisis.
Este retroceso energético no solo expone las deficiencias estructurales del sistema eléctrico cubano, sino que también sirve como un recordatorio sombrío de los desafíos que enfrentan otras naciones latinoamericanas con infraestructuras energéticas frágiles o dependencias de combustibles importados. La situación en Cuba subraya la urgencia de desarrollar políticas energéticas sostenibles, diversificar la matriz de generación y garantizar la estabilidad del suministro para evitar que más poblaciones se vean obligadas a volver a soluciones energéticas del siglo pasado.