El dilema energético de Venezuela: entre la riqueza del subsuelo y la urgencia de la sostenibilidad

El dilema energético de Venezuela: entre la riqueza del subsuelo y la urgencia de la sostenibilidad

En el debate global sobre el cambio climático, el concepto de "transición energética" suele presentarse como un reemplazo rápido y lineal de los combustibles fósiles por fuentes renovables. Sin embargo, desde la perspectiva de los expertos, la realidad apunta hacia un modelo de coexistencia.

"La transición energética no debe entenderse como una trayectoria lineal, sino como un proceso de superposición y balance energético, en el que las fuentes se incorporan, compiten, se complementan y modifican gradualmente su participación."

El profesor Germán Márquez Gil sostiene que no estamos ante un cambio abrupto, sino ante un proceso de superposición y balance energético. Según explicó en una ponencia ofrecida en la Universidad Venezolana de los Hidrocarburos, la transición es gradual, no disruptiva.

Para Márquez Gil, "no hay transición energética total, lo que hay es una coexistencia de las energías". Esta afirmación la sustenta en datos de la matriz energética global.

Asimismo, el profesor señala que el mundo consume actualmente más de 105 millones de barriles de petróleo diarios y destaca una paradoja histórica: hoy se consume más carbón en el mundo que hace casi 80 años, cuando el petróleo lo desplazó, debido sencillamente a que la población mundial ha alcanzado los 8.000 millones de personas. Sectores críticos como la petroquímica, el transporte marítimo, la aviación y los materiales industriales siguen dependiendo de manera absoluta de los derivados del petróleo.

Venezuela se encuentra en una posición geopolítica y energética única. De acuerdo con los datos presentados por Márquez, el país posee las mayores reservas probadas de crudo del planeta, estimadas en 303.000 millones de barriles, lo que representa el 19.3% (casi un quinto) del total mundial. Además, en materia de gas natural, el país se ubica actualmente en el noveno puesto global, con el potencial de ascender al cuarto lugar una vez que concluyan nuevos procesos de cuantificación.

A pesar de esta inmensa riqueza en el subsuelo, expone una brecha significativa: el aporte actual de Venezuela al mercado internacional es de apenas el 1.3% de la producción global (aproximadamente 1.3 millones de barriles diarios frente a los más de 105 millones que demanda el mundo).

"No hay transición energética total, lo que hay es una coexistencia de las energías."

El reto actual, según Márquez, consiste en traducir los más de 60 acuerdos y memorandos de entendimiento suscritos recientemente en un desarrollo petrolero real, atrayendo inversiones extranjeras en conjunto con el capital nacional y las pequeñas y medianas empresas.

El aprovechamiento de este potencial hidrocarburífero no puede desligarse de la responsabilidad ecológica. Charly Rodríguez, docente de Evaluación de Impacto Ambiental de la UVH, advierte que "todas las actividades económicas generan impactos ambientales". En el caso de los hidrocarburos, los riesgos operativos e históricos son latentes: contaminación atmosférica, del agua, del suelo, movimientos de tierra y derrames petroleros.

Rodríguez identifica los desafíos ambientales prioritarios para la industria:

Rodríguez afirma que "el primer desafío es la formación, es la formación, es el conocimiento de lo que trata la actividad". Esto incluye capacitar al sector para aplicar mejores tecnologías que minimicen daños, abordando problemas críticos como la quema o el venteo de gas, y utilizando herramientas avanzadas como los sistemas de información geográfica (SIG) para predecir impactos.

La experta explica que, por razones históricas de comercialización y transporte marítimo, la mayoría de las refinerías e instalaciones venezolanas se ubicaron en zonas costeras de alta vulnerabilidad. Un ejemplo es la Refinería de El Palito, situada sobre una falla sísmica activa. Ante un evento extraordinario, las corrientes y vientos pueden desplazar rápidamente una pluma de crudo hacia ecosistemas extremadamente frágiles, como los manglares del Parque Nacional Morrocoy. Por ello, Rodríguez enfatiza que un desafío crítico es "la respuesta inmediata a la captura de ese crudo evitando el menor daño posible".

Aunque Venezuela cuenta con un marco legal riguroso —desde la Constitución, que consagra el derecho y deber a un ambiente sano, hasta leyes específicas de bosques, suelos y diversidad biológica—, Rodríguez sostiene que es urgente actualizar las normas. Explica que los parámetros de límites máximos permisibles de calidad de aire y agua deben adaptarse a las características específicas de cada cuenca petrolera, ya que la cuenca de Maracaibo difiere de las del Oriente o del Sur. Asimismo, propone transitar de un esquema puramente punitivo basado en multas hacia incentivos como "créditos verdes" y modelos de economía circular que promuevan la inversión en tecnologías limpias.

Con casi un siglo de explotación petrolera en el país, la docente señala que la industria arrastra pasivos ambientales acumulados desde épocas en que no se disponía de la tecnología ni del conocimiento actual sobre la degradación de sustancias químicas. La restauración ecológica de estos espacios afectados es una tarea urgente.

Para Marquez Gil y Rodriguez, la solución a largo plazo no es solo técnica o económica, sino profundamente ética y educativa. La profesora Charly Rodríguez hace un llamado a la conciencia de los futuros profesionales:

"Los profesionales que van a tomar las decisiones y que van a influir en el desarrollo económico y la protección del ambiente, tengan ética en la práctica ambiental. Esa toma de decisiones va a garantizar que se guíen bajo los principios de honestidad, equidad y de transparencia."