Por qué el actual shock energético impactará a los consumidores con mayor fuerza que en 2011

Un análisis de UBS advierte que el actual shock energético, impulsado por el conflicto en Medio Oriente, golpeará a los consumidores con mayor severidad que el período 20

Un Nuevo Escenario Energético: Consumidores Enfrentarán un Impacto Más Severo que en 2011

Arend Kapteyn, director global de investigación económica y estratégica y economista jefe de UBS, ha emitido una contundente advertencia a sus clientes: el actual shock energético, impulsado por el reciente conflicto en Medio Oriente, se perfila para golpear a los consumidores con una fuerza superior a la experimentada durante el período de 2011 a 2014. Su análisis subraya una diferencia crucial que inclinará la balanza de manera desfavorable para el bolsillo del ciudadano promedio.

Kapteyn destaca que la principal razón por la cual esta crisis energética "no es como la de 2011-2014" radica en la previsible ausencia de una respuesta equiparable por parte del sector de esquisto (shale). A pesar de que, ajustados por inflación, los precios del petróleo entre 2011 y 2014 fueron incluso más elevados que los actuales, la economía de Estados Unidos logró absorber aquel impacto de manera más efectiva. Esto fue posible gracias a que el auge de la producción de petróleo de esquisto en el país proporcionó un impulso significativo a la oferta global.

En aquel entonces, la rápida expansión de la producción de shale actuó como un amortiguador, inyectando barriles adicionales al mercado y ayudando a estabilizar los precios o, al menos, a moderar su ascenso. Esta capacidad de respuesta ofrecía una válvula de escape que hoy parece no estar disponible en la misma magnitud. Sin esta inyección de oferta adicional y flexible, el mercado se encuentra más vulnerable a las interrupciones y a la volatilidad generada por tensiones geopolíticas, como las que actualmente sacuden la región de Medio Oriente.

Las implicaciones de esta situación son directas y desfavorables para los consumidores. Ante la imposibilidad de que la producción de esquisto mitigue el aumento de precios con la misma eficacia del pasado, serán los hogares y las empresas quienes, con mayor probabilidad, deberán soportar el peso principal de esta presión inflacionaria. Esto se traducirá en costos más altos para el transporte, la energía y, en última instancia, en una erosión del poder adquisitivo, marcando un panorama económico más desafiante en comparación con la década anterior.