Daniel Dreizzen: "La integración energética sudamericana debe ser pensada con una visión de largo plazo"

La reelección de Luiz Inácio Lula da Silva en Brasil no alterará significativamente la oportunidad de integración energética con Argentina, según Daniel Dreizzen de Aleph

La reelección de Luiz Inácio Lula da Silva como presidente de Brasil, con un mandato que se extenderá de 2027 a 2030, mantiene intactos los pilares para la integración energética con Argentina. Así lo afirmó Daniel Dreizzen, director de la consultora Aleph Energy y exsecretario de Planeamiento Energético de la Nación, destacando que la continuidad de Lula "no modifica sustancialmente los fundamentos de esta oportunidad energética" entre ambos gigantes sudamericanos.

Dreizzen señaló que si bien el nuevo periodo de gobierno podría introducir "matices" en los enfoques regulatorios o en el rol de las empresas estatales, la complementariedad entre Argentina y Brasil es innegable y "sigue existiendo". Enfatizó la relevancia de Brasil como la principal economía de América Latina, cuyas decisiones políticas, económicas y comerciales tienen una influencia regional significativa, trascendiendo las diferencias ideológicas de los gobiernos.

La "enorme complementariedad" se manifiesta particularmente en el sector del gas natural. Argentina posee "recursos extraordinarios" en Vaca Muerta y necesita mercados de exportación para desarrollar plenamente su potencial gasífero. Por su parte, Brasil representa un "mercado enorme, con demanda energética e industrial", posicionándose como un "potencial comprador de gas argentino" fundamental para la sostenibilidad de la producción.

Existen ya antecedentes concretos de esta relación: la Agencia Nacional del Petróleo (ANP) de Brasil autorizó a Petrobras a importar hasta 180 millones de metros cúbicos anuales de gas argentino. Además, la Organización Latinoamericana y Caribeña de Energía (OLACDE) proyecta un escenario donde un primer módulo de suministro firme de 10 millones de metros cúbicos diarios podría iniciar operaciones entre 2029 y 2030, coincidiendo con los últimos años del mandato recién ganado por Lula.

No obstante, Dreizzen advierte que la materialización de estos ambiciosos proyectos requiere más que voluntad política. Para que el gas argentino alcance a Brasil en volúmenes significativos y de forma sostenida, son indispensables "inversiones en gasoductos, acuerdos comerciales de largo plazo, precios competitivos y marcos regulatorios previsibles". Estos elementos son cruciales para superar los desafíos logísticos y económicos.

En definitiva, la visión de Dreizzen subraya que la integración energética sudamericana debe ser concebida con una perspectiva a largo plazo, más allá de los ciclos políticos. La sinergia entre los vastos recursos de gas argentino y la robusta demanda energética de Brasil representa una oportunidad estratégica para el desarrollo y la seguridad energética de ambos países y de la región en su conjunto, siempre y cuando se asuman los compromisos de infraestructura y marcos normativos necesarios.