La demanda de combustibles fósiles podría crecer a pesar del auge de las energías limpias
Un historiador francés desafía la noción tradicional de transición energética, argumentando que las fuentes de energía tienden a acumularse en lugar de reemplazarse. Esta
El historiador francés Jean-Baptiste Fressoz ha presentado un argumento convincente para los escépticos de la transición energética, sugiriendo que la humanidad nunca ha abandonado realmente una fuente de energía por otra. En su obra "Más y Más y Más", Fressoz postula que las fuentes de energía se han acumulado a lo largo de la historia, en lugar de sustituirse mutuamente.
Esta visión desafía la narrativa común de que la madera fue reemplazada por el carbón, este por el petróleo, y el petróleo a su vez por el gas natural, para finalmente ser sustituidos por las energías renovables. Según Fressoz, la realidad histórica muestra una adición constante: la madera fue complementada por el carbón, el carbón por el petróleo, el petróleo por el gas, y ahora todos ellos coexisten con las energías renovables.
Las estadísticas globales de energía primaria parecen respaldar esta tesis de manera contundente. A pesar de las billonarias inversiones realizadas a nivel mundial en tecnologías de energía limpia, el consumo de combustibles fósiles se mantiene cerca de sus niveles récord históricos. Este fenómeno ilustra cómo la biomasa, por ejemplo, no desapareció con la llegada del carbón, sino que persistió en el mix energético.
Este escenario plantea interrogantes fundamentales sobre la viabilidad y el ritmo de una transición energética completa. En lugar de una sustitución directa, lo que se observa es una expansión del menú energético global, donde las nuevas fuentes complementan a las existentes para satisfacer una demanda energética creciente.
Para el sector energético latinoamericano y mundial, esta perspectiva implica que la diversificación será clave. La coexistencia de tecnologías fósiles y renovables podría ser una constante por un período mucho más prolongado de lo que se ha proyectado inicialmente, requiriendo estrategias de inversión y desarrollo que abarquen un amplio espectro de fuentes energéticas.
En conclusión, la argumentación de Fressoz invita a una reevaluación de cómo concebimos el futuro energético. Lejos de una simple migración de una fuente a otra, el camino parece ser uno de acumulación y expansión, donde todas las formas de energía contribuyen a un sistema global en constante crecimiento.