El flujo petrolero como motor del crédito: la ruta macroeconómica para financiar la producción en Venezuela
El flujo petrolero como motor del crédito: la ruta macroeconómica para financiar la producción en Venezuela
La reactivación de la industria de los hidrocarburos no solo es clave para el sector energético, sino que se perfila como el catalizador indispensable para liberar el financiamiento que requiere toda la actividad productiva del país. Así lo planteó Luis Xavier Grisanti, economista, internacionalista, profesor del centro de energía del IESA, al analizar cómo el incremento de la producción y exportación de crudo impacta directamente en la disponibilidad de recursos en la banca nacional.
De acuerdo con Grisanti, el aumento en la actividad petrolera y sus exportaciones genera un mayor flujo de divisas hacia la economía. Este dinamismo ha permitido que el Banco Central de Venezuela (BCV) triplique el flujo de divisas entregado a la banca —y, a través de esta, al sector productivo nacional— en comparación con el año anterior, un factor que el analista califica como un apoyo directo para los sectores productivos.
Al evaluar el estado del sistema financiero venezolano, Grisanti destacó que la banca registra indicadores de solvencia y eficiencia adecuados para responder de forma progresiva a la demanda adicional de financiamiento que surja del crecimiento económico.
El experto detalló la evolución reciente de la cartera de créditos de toda la banca, calificando su crecimiento como "significativo" al pasar de un nivel críticamente bajo de 240 millones de dólares en el año 2020 (durante la pandemia) a situarse recientemente en 3.800 millones de dólares.
A pesar de esta recuperación, Grisanti precisó que la cartera de crédito actual representa apenas "alrededor del 4% del producto interno bruto". No obstante, proyectó que, de aplicarse las medidas macroeconómicas y financieras necesarias, el país podría alcanzar una meta en la que "en un lapso yo quiera de 18 a 24 meses podamos alcanzar a que la cartera de crédito se constituya en el orden del 8 o 10% del producto interno bruto".
"En un lapso yo quiera de 18 a 24 meses podamos alcanzar a que la cartera de crédito se constituya en el orden del 8 o 10% del producto interno bruto."
Para consolidar esta expansión crediticia que apalanque a los proyectos petroleros y a su cadena de bienes y servicios, Grisanti señaló que es imperativo corregir los desbalances macroeconómicos y flexibilizar las rigideces actuales. Entre los principales obstáculos, identificó el elevado encaje legal, que actualmente se ubica en un 73%. Si bien explicó que el BCV utiliza esta política monetaria restrictiva para atenuar la inflación, sostuvo que "a un plazo relativamente corto" es viable ir disminuyendo este encaje para fortalecer al sector productivo.
Asimismo, enfatizó la necesidad de actuar en el plano internacional para destrabar los flujos financieros. Específicamente, señaló que se debe trabajar con las autoridades de los Estados Unidos y con organismos multilaterales para avanzar en dos frentes:
"La interpretación demasiado estricta y a veces excesiva de las condiciones de esas sanciones."
Para Grisanti, el saneamiento de la economía pasa por reducir el financiamiento monetario del déficit fiscal del sector público y controlar la inflación. El economista advirtió que los niveles de inflación de este año fueron mayores a los de los dos años previos (periodo en el que, según sus datos, la inflación llegó a situarse en poco más del 20% hace dos años).
La meta final, según expuso, es construir un sistema de precios coherente donde la valoración del capital, el trabajo (salarios), los bienes, las divisas y el dinero (tasas de interés) converjan al lograr "bajar la inflación a un dígito".
"El mejor antídoto para la reactivación económica fortalecida y sostenible es reducir la inflación a un dígito", concluyó Grisanti, asegurando que la determinación de instituciones por fortalecer la intermediación financiera ortodoxa es clave para apalancar el desarrollo del país.