Casi toda la región tiene un plan energético, pero solo cuatro países lo tienen por ley: las claves
La expansión de energías renovables, la electrificación de la demanda, eventos climáticos extremos y la aceleración tecnológica obligan a los países de América Latina a r
América Latina y el Caribe se enfrentan a un escenario energético en constante transformación que exige una redefinición de sus estrategias a largo plazo. La creciente expansión de las energías renovables, la imperativa electrificación de la demanda, la innegable frecuencia de eventos climáticos extremos y la vertiginosa aceleración de los cambios tecnológicos son los principales impulsores de esta necesidad. Un análisis reciente destaca que, aunque casi todos los países de la región poseen un plan energético, únicamente cuatro de ellos lo han blindado con rango de ley, lo que subraya la urgencia de una mayor formalización.
En este contexto dinámico, la tradicional proyección de un único camino para el desarrollo del sector energético se ha vuelto insostenible. Los especialistas de organismos regionales e internacionales, como CEPAL, BID, OIEA, IRENA y EPE Brasil, concuerdan en que el objetivo ya no es predecir con exactitud el futuro del sistema energético, sino desarrollar la institucionalidad, las capacidades técnicas y las herramientas necesarias para evaluar múltiples escenarios y adaptar las decisiones estratégicas de manera ágil y eficaz.
La importancia de esta planificación robusta fue enfatizada por Ángela González, de la Comisión Nacional de Energía de República Dominicana, un país donde la planificación energética está establecida por ley desde el año 2001. González destacó que la clave reside en crear un plan que no solo sirva al Estado, sino que también beneficie al sector privado, ofreciendo mayor previsibilidad para las inversiones y anticipando las nuevas demandas del sistema.
Guido Maiulini, jefe de Asesoría Estratégica de OLACDE y moderador del panel, reiteró que la planificación a largo plazo es fundamental para abordar desafíos como la integración energética regional, la transición hacia fuentes más limpias, la mejora de la infraestructura, la seguridad del suministro y la resiliencia del sistema ante adversidades. Estos elementos son cruciales para el desarrollo sostenible de la región.
Un paso significativo en esta dirección fue la creación, en 2024, del Consejo Regional de Planeamiento Energético de OLACDE. Este espacio busca fortalecer las capacidades de los países miembros, promover un valioso intercambio de experiencias y fomentar una visión regional unificada para el largo plazo. La meta es clara: una planificación más sólida que mejore la toma de decisiones, movilice inversiones estratégicas y vincule intrínsecamente las políticas energéticas con las prioridades de desarrollo socioeconómico de América Latina y el Caribe.