El despertar de las aulas petroleras: El reto de formar a la generación de relevo en la Venezuela de la reapertura
El despertar de las aulas petroleras: El reto de formar a la generación de relevo en la Venezuela de la reapertura
Tras años de contracción y con una diáspora que supera los 8 millones, la reapertura petrolera expone una realidad ineludible: las máquinas y los pozos no operan solos.
Tras años de contracción y con una diáspora que, según la Plataforma de Coordinación Interagencial para Refugiados y Migrantes de Venezuela, supera los 8 millones de personas, la llamada "reapertura petrolera" ha puesto en evidencia una realidad ineludible: las máquinas y los pozos no operan solos. Uno de los motores de la reconstrucción energética del país está en las aulas, y el tiempo corre.
Con una expectativa de producción que, de acuerdo con las autoridades, apunta a los 1.300.000 barriles diarios, la llegada progresiva de grandes operadoras y empresas de servicios que forman parte del "ecosistema" de los hidrocarburos (como movilidad, hotelería y traslado) puso la lupa en el recurso humano, como se demostró durante la Venezuela International Oil and Gas Summit, foro donde muchos panelistas hicieron hincapié en la formación de talento. Lejos de la parálisis, diversos sectores académicos y gremiales han comenzado a tejer una red de formación para atender esa urgencia.
Cuando se habla de reactivación energética, la mirada suele posarse exclusivamente en los ingenieros de yacimientos. No obstante, la industria requiere de un ecosistema de soporte técnico, legal e inmobiliario de alta factura para albergar y dar estructura a las nuevas inversiones. Desde la Cámara Inmobiliaria del Estado Zulia, la vicepresidenta María Leonor Atencio explica la visión del sector ante este escenario:
"Estamos muy esperanzados en todo este movimiento que se ha venido en los últimos tiempos. Y sí, en la Cámara Inmobiliaria estamos prevenidos para un auge, un auge para el que nos preparamos a fin de surtir a este sector que va a necesitar infraestructura. Ahora, ¿qué estamos haciendo desde la Cámara? Preparación".
Para responder a esta demanda, la Cámara ha apostado por la educación a través del PREANI (Programa de Especialización de Negocios Inmobiliarios), desarrollado en alianza con la Universidad Católica Andrés Bello (UCAB). El objetivo es claro: "Que el profesional universitario esté totalmente preparado y pueda darle el soporte técnico-legal a la altura de las empresas locales o empresas que vienen de afuera, las cuales van a esperar un buen servicio de nosotros".
Este esfuerzo no es una reacción improvisada. "La Cámara Inmobiliaria a la cual pertenezco ya tiene tiempo en eso, estamos hablando de que en el año 2020 fue la primera cohorte", detalló Atencio. Para el año 2026, el programa ya acumula seis años de trayectoria y una madura curva de aprendizaje. Se trata de "estudios de cuarto nivel, o sea, cualquier profesional, ingeniero o licenciado que curse esto tiene prácticamente un posgrado", el cual se nutre y adapta constantemente según los avances tecnológicos y las modificaciones de las leyes.
Además, el trabajo se realiza de manera sincronizada y "hermanada" con otras fuerzas gremiales del país: "Las Cámaras están allí, todas las Cámaras base junto con la Cámara de la Construcción, la Cámara Industrial, la Cámara de Comercio; somos Cámaras que estamos hermanadas, incluyendo a la Cámara Petrolera. Todas estamos al tanto de lo que hace una y otra, y por medio de las Cámaras, uniendo a todos los gremios, podemos actuar de una forma sincronizada".
Uno de los debates más álgidos en esta nueva etapa es el sesgo geográfico de la educación. Históricamente, Venezuela ha sido un país centralista. "Las sedes corporativas y los grandes centros de estudio están en Caracas, pero la realidad operativa de la industria ocurre a cientos de kilómetros de la capital", explicó Carlos Altimari, abogado y coordinador del diplomado de Derecho Energético y Minería de la Universidad Monteávila, quien sostiene que uno de los desafíos de los formadores es "descaraqueñizar" la formación:
"Tenemos una visión caraqueña y yo no soy caraqueño, soy de Maracaibo. Es decir, aquí están los poderes y están las principales oficinas corporativas de estas grandes compañías, pero, ¿cómo atiendes a la gente de El Tigre? ¿Cómo atiendes a la gente de Barcelona, de Maturín, de Maracaibo, de Cabimas, de Lagunillas, de Bachaquero, sitios donde hay fuentes de hidrocarburos? Creo que hay que abrirse hacia allá".
Para Altimari, el objetivo es llevar herramientas de actualización directamente a quienes lidian con el día a día de la industria: "Quienes lidian con la industria en el día a día son los que están en El Tigre, los que están en Anaco, en San Tomé. Los de aquí llevan temas corporativos y las reuniones con las autoridades, eso está bien. Pero el día a día, el lidiar con permisos, el cómo atender la industria, cómo ir al pozo... está allá, no está aquí".
"¿Cómo apoyamos al contador que está en una empresa de servicios petroleros en Cabimas, en el sur; cómo apoyamos a un abogado que es interno de una empresa de servicios petroleros... cómo ayudamos al administrador o al contador que está en un campo en la Faja?"
Para responder a esta demanda, Altimari coincide en que las universidades deben abandonar las estructuras curriculares rígidas. La formación de hoy no puede depender exclusivamente de maestrías o especializaciones de larga duración; requiere de diplomados, cursos cortos y programas de actualización rápida:
"Yo sí creo, y es un mensaje para las universidades, que hay que ser más ágiles, más dinámicos. No es únicamente dar una especialización o una maestría, sino que puedes dar diplomados, puedes dar cursos cortos, puedes dar cursos de actualización".
La respuesta ante estas ofertas demuestra el hambre de conocimiento que hay en el país. El diplomado coordinado por Altimari en la Universidad Monteávila agotó sus cupos rápidamente, mientras que el Instituto de Estudios Superiores de Administración (IESA) ya cuenta con un programa de gas con más de un centenar de personas formadas, según agregó el catedrático.
Aunque la migración de profesionales de entre 30 y 40 años dejó una brecha generacional muy marcada entre los trabajadores que van de salida y los jóvenes que apenas se están formando, la tecnología pos-COVID ofrece una oportunidad inédita. Altimari plantea empezar a asumir a la diáspora como un "espacio global":
"La diáspora no es un problema territorial de que no estén aquí. Más bien, yo creo que es un espacio global donde la diáspora tiene mucho que decir. ¿Cómo organizamos a la diáspora para que los que están afuera, en Houston, en Catar, en Doha, ayuden a formar a los que están aquí? Porque hay una brecha entre los que ya están de salida en la industria y los que están formándose. Ese gap generacional, que puede ser gente de 30 o 40 años, pues muchos ya no están aquí. Bueno, ¿cómo esa generación que está fuera ayuda a formar a los que están aquí?".
Esto abre un nuevo campo de trabajo para ingenieros, abogados, contadores y administradores. Altimari enfatiza: "¿Cómo hacemos que la gente se forme? Ingenieros, abogados, contadores, administradores, etcétera. Creo que hay desafíos que parecen gigantescos, pero hay que ocuparse. No hay atajos".
El talento base existe. El éxito de esta nueva etapa energética no se medirá únicamente en barriles extraídos, sino en la capacidad del sector público, las universidades, las empresas privadas y los gremios para cooperar activamente. Como concluye Altimari:
"¿Cómo nos ponemos todos de acuerdo para expandir esto? ¿Cómo hacemos convenios con las universidades? Porque la verdad es que aquí hay un buen talento. Vamos a apoyarnos entre todos. Ese es el mensaje: cómo apoyarnos entre todos para que esta formación pueda abarcar a la mayor cantidad de personas en el territorio".
En la carrera por el futuro energético de Venezuela, la educación y la sinergia gremial se perfilan como las únicas vías que no admiten atajos.
"El talento profesoral está, la disposición está y las ganas están. La verdad es que a mí me sorprendió, porque pensaba que sería un desafío mayor conseguir profesores que dieran clases, pero no ha sido así, tanto con nosotros como en todas las universidades".