Brasil: El fracking emerge como eje para la seguridad energética y reducción de costos

Brasil se encuentra en un momento crucial para su futuro energético, con el desarrollo del gas no convencional y el fracking nuevamente en el centro de la agenda. Mientra

Brasil atraviesa un momento clave en la definición de su política energética, con el desarrollo del gas no convencional, particularmente a través del fracking, volviendo al centro de la agenda nacional. La confluencia de debates políticos, resoluciones judiciales y próximas rondas de concesiones determinará si el gigante sudamericano logra desbloquear una nueva frontera para la producción de gas.

El escenario electoral brasileño influye significativamente en este debate. Flávio Bolsonaro, senador e hijo del expresidente, propone habilitar la exploración de gas no convencional bajo estrictos criterios ambientales, vinculando directamente el fracking con la seguridad energética nacional, una mayor oferta de gas y la reducción de costos para los consumidores. En contraste, el programa de Luiz Inácio Lula da Silva no incluye una propuesta específica sobre fracking, centrándose más en la expansión de la infraestructura gasífera y la integración energética de América del Sur.

Más allá de las inclinaciones políticas, el futuro del shale brasileño depende de desarrollos institucionales cruciales. La Agencia Nacional de Petróleo, Gas Natural y Biocombustibles (ANP) llevará a cabo una nueva ronda de la Oferta Permanente de Concesión el 7 de octubre, poniendo a disposición 313 bloques distribuidos en nueve cuencas. Una semana después, el Superior Tribunal de Justicia (STJ) retomará el IAC 21, un proceso que podría establecer criterios nacionales para la evaluación ambiental, regulación y licenciamiento de los recursos no convencionales, aspectos fundamentales para cualquier explotación a gran escala.

Andrés Rojas, director ejecutivo de PONTE Hub, ha analizado las posibilidades que este nuevo escenario podría generar, destacando el potencial de Brasil para avanzar sustancialmente en la producción de gas, a pesar de los desafíos regulatorios, ambientales y políticos aún pendientes. Rojas enfatiza la valiosa experiencia acumulada por Argentina durante más de una década en el desarrollo de Vaca Muerta, sugiriendo que las empresas argentinas de servicios petroleros podrían encontrar un nuevo y prometedor mercado en Brasil si el sector del gas no convencional despega.

La adopción estratégica del fracking en Brasil podría redefinir el panorama energético regional. Si bien la voluntad política, especialmente de figuras como Flávio Bolsonaro, parece acelerar la discusión sobre el fracking, la decisión final requerirá una combinación de supervisión judicial y un marco regulatorio robusto. La eventual integración de Brasil en el mercado del gas de esquisto no solo fortalecería su suministro interno, sino que también fomentaría nuevas oportunidades de intercambio tecnológico y colaboración económica con países como Argentina, que ya dominan estas técnicas de extracción no convencional.

Las próximas semanas serán decisivas para la hoja de ruta energética de Brasil, a medida que las sentencias judiciales y las decisiones políticas configuren el marco regulatorio para el gas no convencional. Si Brasil logra abrir esta nueva frontera, representaría un paso significativo hacia la diversificación de su matriz energética y el fortalecimiento de su posición en el sector energético latinoamericano, potenciando una nueva era de cooperación y desarrollo regional.