América Latina apunta a duplicar su capacidad eólica terrestre para 2035
América Latina se encuentra en una rápida expansión de su capacidad de energía eólica, con el objetivo de diversificar su matriz energética y fortalecer la seguridad de s
América Latina se posiciona para un crecimiento significativo en el sector de la energía eólica terrestre, con proyecciones que indican que la región podría duplicar su capacidad actual para el año 2035. Esta expansión acelerada responde a la creciente necesidad de diversificar las matrices energéticas nacionales y fortalecer la seguridad de suministro, reduciendo la dependencia de fuentes fósiles y mitigando los impactos del cambio climático.
La región ha mostrado un impulso considerable en la adopción de esta tecnología limpia. Para finales de 2022, la capacidad instalada de energía eólica en América Latina superaba los 44.7 GW. Un informe de Wood Mackenzie, proyectado para julio de 2025, prevé que solo la capacidad eólica en Sudamérica alcanzará los 83 GW para el año 2034, lo que subraya la magnitud de la inversión y el desarrollo esperado en los próximos años.
Este avance está siendo liderado por potencias regionales como Brasil y México, que han implementado políticas y marcos regulatorios favorables para el desarrollo de proyectos eólicos a gran escala. No obstante, otros países de la región también están comenzando a desarrollar sus propios sectores de energía verde, reconociendo el potencial de sus recursos naturales y la necesidad de una transición energética.
La expansión eólica no solo contribuye a los objetivos de sostenibilidad, sino que también ofrece beneficios económicos tangibles, como la creación de empleo, la inversión en infraestructura y la reducción de costos operativos a largo plazo. Además, al integrar una mayor proporción de fuentes renovables, los países latinoamericanos buscan estabilizar los precios de la electricidad y aumentar su resiliencia energética frente a las fluctuaciones del mercado global de commodities.
El horizonte hasta 2035 presenta una década crucial para la transformación energética de América Latina. El compromiso continuo con la inversión en infraestructura, el desarrollo tecnológico y la cooperación regional será fundamental para alcanzar estas ambiciosas metas y consolidar a la región como un actor clave en la producción global de energía renovable, asegurando un futuro energético más limpio y sostenible para sus poblaciones.