Washington busca reanudar acuerdo de GNL con China ante disrupciones en el mercado global
Estados Unidos persigue la reactivación de un acuerdo de exportación de gas natural licuado (GNL) de 6 mil millones de dólares anuales con China, condicionado al levantam
El próximo 24 de septiembre, el presidente Xi Jinping de China se reunirá en Washington con su homólogo estadounidense, en una agenda que incluye la potencial reactivación de un comercio anual de gas natural licuado (GNL) valorado en 6 mil millones de dólares. La discusión central girará en torno al levantamiento del arancel chino del 15% que ha bloqueado las importaciones de GNL estadounidense desde el primer trimestre de 2025. Este encuentro subraya una creciente necesidad por parte de Washington de restablecer este flujo comercial energético.
La urgencia de Estados Unidos se enmarca en un contexto de turbulencia en el mercado global de GNL. En marzo, ataques con misiles iraníes destruyeron el 17% de la capacidad de exportación de GNL de Qatar, uno de los mayores productores mundiales. Este incidente ha generado una presión adicional sobre la oferta global, haciendo que las exportaciones de GNL estadounidense sean aún más estratégicas para estabilizar los mercados y asegurar el suministro a socios clave.
China, por su parte, ha sabido absorber el impacto de la reducción de la oferta qatarí diversificando sus fuentes de GNL, excluyendo notablemente a Estados Unidos. Según datos de Banchero Costa, entre enero y julio, Australia proveyó el 36% de sus importaciones de GNL, el sudeste asiático el 20%, Rusia el 12%, y Canadá, un nuevo actor, el 4%. Esta estrategia de Pekín demuestra una robustez en su cadena de suministro que disminuye su dependencia de un solo proveedor o región.
El arancel chino del 15% ha sido un obstáculo significativo para los cargamentos de GNL estadounidense. Implementado inicialmente por razones geopolíticas y comerciales, esta barrera ha redirigido el GNL de EE. UU. hacia otros mercados, mientras que China ha buscado alternativas más asequibles o estratégicamente alineadas. El levantamiento de este arancel no solo representaría un alivio económico para los exportadores estadounidenses, sino también un gesto de distensión en las complejas relaciones bilaterales.
Para el sector energético estadounidense, la reanudación de las exportaciones a China abriría un mercado lucrativo y fortalecería la posición de EE. UU. como un proveedor confiable y fundamental en el panorama energético mundial. En un escenario de competencia geopolítica, asegurar este acuerdo no solo es una victoria comercial, sino también una herramienta para influir en la dinámica de poder global y mitigar futuras disrupciones en la cadena de suministro.
La cumbre de septiembre, por tanto, no es solo una negociación comercial; es una ventana para redefinir el equilibrio energético global y la relación entre las dos economías más grandes del mundo. Mientras Washington busca desesperadamente asegurar la demanda para su creciente capacidad de GNL y reafirmar su liderazgo energético, Beijing evalúa si el costo político y económico de mantener el arancel supera los beneficios de un suministro más diversificado y potencialmente más barato.