La producción mundial de biocombustibles crecerá casi 70% para 2030 impulsada por la crisis energética del Golfo

Un estudio de Chatham House y FSC difundido por Reuters proyecta un aumento del 70 % en la producción mundial de biocombustibles para 2030 impulsado por la crisis de ener

Se prevé que la producción global de biocombustibles experimente un incremento de casi el 70 % para el año 2030 en comparación con los niveles registrados en 2025, impulsada por el avance de mandatos de mezcla más exigentes en las principales naciones productoras como respuesta a la crisis energética derivada de la guerra de Irán, según un estudio elaborado de forma conjunta por el centro de pensamiento Chatham House y la organización sin fines de lucro Forest Stewardship Council (FSC) divulgado este martes y reportado por la agencia Reuters.

Los biocombustibles, entre los que destaca el etanol, se elaboran mediante materias primas orgánicas derivadas comúnmente de cultivos destinados a la alimentación humana o ganadera. Estos carburantes se mezclan habitualmente con gasolina o diésel, e incrementan su competitividad comercial ante el encarecimiento de los combustibles fósiles, una dinámica acentuada por el aumento de casi un 40 % en los precios del petróleo crudo desde el inicio del conflicto armado a finales de febrero, período en el cual las cotizaciones del azúcar y el maíz también han escalado alrededor de un 20 %.

El informe aborda la controversia histórica sobre si el uso de estos energéticos contribuye a mitigar el cambio climático o si, por el contrario, estimula la inflación alimentaria y la deforestación. Los investigadores alertaron que la actual aceleración de la demanda amenaza con agravar estos dos últimos factores. En este sentido, los autores advirtieron que “al priorizar la seguridad energética a corto plazo, algunas respuestas políticas pueden estar intercambiando contra el aumento de la inseguridad alimentaria a medio plazo (y) cualquier shock adicional, como el clima extremo, podría afectar gravemente los precios de los alimentos”.

Entre las jurisdicciones que han propuesto o adoptado exigencias de mezcla más elevadas desde el estallido de la guerra en Irán figuran Brasil, China, India, Indonesia, Estados Unidos y la Unión Europea. Según las estimaciones del estudio, de aplicarse plenamente los mandatos planteados, la superficie terrestre destinada al cultivo de insumos para biocombustibles podría duplicarse para 2030 respecto a los niveles de 2023, requiriendo 36 millones de hectáreas adicionales, una extensión territorial equivalente a la superficie de Alemania.

Ante esta proyección, los investigadores remarcaron la tensión entre los marcos regulatorios y los riesgos medioambientales. "La velocidad a la que se están aumentando los mandatos de biocombustibles crea riesgos significativos, ya que la demanda de materias primas puede aumentar más rápido que las salvaguardias ambientales, los sistemas de certificación, la planificación del uso de la tierra y los mecanismos de aplicación pueden implementarse", sostienen en la investigación publicada por Reuters.

Aunque los insumos producidos en tierras degradadas o en ciclos intercosecha pueden contribuir a restaurar los suelos, el informe aclara que este impacto favorable no ocurre con los biocombustibles convencionales o de primera generación, producidos a partir de cultivos alimentarios como el maíz y la caña de azúcar, a diferencia de los de segunda generación o avanzados, derivados de residuos orgánicos y aceites usados. Al respecto, los analistas concluyen que "la producción de materias primas para biocombustibles de primera generación tiende a tener consecuencias negativas netas para la degradación de la tierra, la seguridad alimentaria y el uso del agua".