La mayoría de los minerales críticos no de destina a la transición energética

Un análisis del Oakland Institute cuestiona la premisa de que un incremento masivo en la minería sea indispensable para la transición energética. Según su estudio, que ut

Un reciente análisis del Oakland Institute ha puesto en entredicho la extendida creencia de que un incremento sustancial en la minería es un costo ineludible para reemplazar los combustibles fósiles y avanzar en la transición energética global. Este estudio, basado en datos de la Agencia Internacional de Energía (IEA), recalca una perspectiva diferente sobre el uso de los minerales más demandados.

Según los cálculos del Oakland Institute, para el año 2024, las tecnologías asociadas a la energía renovable —incluyendo la energía eólica y solar, las redes de energía renovable, las baterías de red y los vehículos eléctricos— representaron únicamente el 26% de la demanda combinada de seis minerales críticos clave: cobre, litio, níquel, cobalto, grafito y tierras raras magnéticas. Esta cifra contradice la narrativa predominante que posiciona a la transición energética como el principal motor de la demanda minera.

El 74% restante de la demanda de estos minerales fue atribuido a sectores económicos tradicionales y consolidados. Entre ellos se incluyen la construcción, el transporte convencional, la maquinaria industrial, la defensa, la electrónica y otros usos diversos que no están directamente vinculados a la descarbonización. Esta distribución sugiere que el grueso del consumo de minerales críticos sigue anclado en actividades económicas preexistentes, más allá de los imperativos de la sostenibilidad energética.

Los hallazgos del Oakland Institute invitan a una revisión profunda de las políticas y estrategias globales en torno a la extracción de minerales. Al desafiar la noción de una inevitable y masiva expansión minera impulsada por la transición energética, el informe sugiere que la atención podría dirigirse hacia una gestión más eficiente de los recursos existentes y a la búsqueda de alternativas, en lugar de priorizar exclusivamente la apertura de nuevas explotaciones.

Esta revelación es crucial porque altera el marco de justificación para la expansión minera global, la cual a menudo se presenta como un sacrificio necesario para combatir el cambio climático. Si una porción considerable de la demanda no proviene directamente de la transición, entonces las presiones sobre las comunidades y los ecosistemas en las zonas mineras deben ser evaluadas bajo una luz diferente, exigiendo una mayor transparencia y responsabilidad sobre el uso final de estos recursos.

En el contexto latinoamericano, una región estratégica por sus vastas reservas de minerales esenciales para la electrificación y las energías renovables, este análisis cobra especial relevancia. La reevaluación de la demanda real podría influir en las políticas de extracción, las negociaciones con empresas transnacionales y la inversión en investigación de materiales alternativos, promoviendo un desarrollo más equitativo y sostenible de los recursos naturales de la región. El informe impulsa una discusión más matizada sobre el verdadero impulso detrás de la demanda de minerales.