La estrategia petrolera de EE. UU. en Venezuela pone en riesgo los miles de millones adeudados a China, según Bloomberg
La estrategia de la administración Trump sobre las reservas petroleras de Venezuela compromete el cobro de más de USD 10.000 millones en deuda pendiente con bancos estata
Los acuerdos energéticos entre Estados Unidos y Venezuela se han transformado en un terreno de prueba para las ambiciones hemisféricas de la administración de Donald Trump y un foco de tensión con Pekín. De acuerdo con una investigación publicada por la agencia Bloomberg, la estrategia de Washington para asumir la gestión de más de 65.000 millones de barriles en reservas busca desplazar la influencia de China y Rusia en la región, amenazando directamente el cobro de la deuda acreedora contraída por el Estado venezolano con la nación asiática.
El plan de la Casa Blanca, enmarcado en la denominada "Doctrina Donroe" dentro de su Estrategia de Seguridad Nacional, sostiene el derecho unilateral de Washington a bloquear el acceso de potencias rivales a activos estratégicos. En este contexto, la reestructuración del sector petrolero contempla cortar el acceso de China a los ingresos generados por la nueva producción hidrocarburífera. El secretario de Energía de Estados Unidos, Chris Wright, confirmó que Pekín no tendrá derechos sobre los recursos derivados de los nuevos esquemas de explotación, inhabilitando los mecanismos habituales que utilizaba Caracas para amortizar sus compromisos financieros.
Esta decisión compromete la recuperación de los pasivos que Venezuela mantiene con instituciones chinas, los cuales estaban respaldados por despachos de crudo que actualmente se encuentran paralizados. Aunque el país interrumpió la publicación de datos fiscales tras su default soberano de 2017, las estimaciones calculaban que la acreencia pendiente con China ascendía a por lo menos USD 10.000 millones. Este monto forma parte del esquema de financiamiento iniciado en 2007 bajo el gobierno de Hugo Chávez, mediante el cual bancos estatales chinos otorgaron más de USD 60.000 millones en préstamos vinculados al suministro de barriles.
La captura del expresidente Nicolás Maduro a comienzos de año y la posterior reconfiguración operativa ejecutada por Washington provocaron la interrupción total de los envíos de crudo hacia el mercado chino. Esta parálisis afecta la operatividad de corporaciones estatales como China National Petroleum Corp. (CNPC) y China National Offshore Oil Corp., así como a firmas privadas de ese país que operaban en la Faja del Orinoco. El impacto comercial recae sobre las refinerías independientes de la provincia de Shandong, cuya dependencia del crudo pesado venezolano para la producción de betún ha reducido la oferta interna y presionado al alza los precios de los contratos de futuros.
Pese a que el crudo venezolano representó solo el 4% de las importaciones petroleras chinas durante el año previo y a que Pekín ha reducido progresivamente su exposición económica en el país, el conflicto adquiere relevancia en el plano geopolítico. Para el analista de riesgo político Christian Reyes, la actuación estadounidense establece un precedente de exclusión mediante coerción en América del Sur. Por su parte, el portavoz del Ministerio de Relaciones Exteriores de China, Guo Jiakun, sostuvo en rueda de prensa desde Pekín que los derechos e intereses de su país están protegidos por el derecho internacional y no competen a terceros.
La viabilidad legal de la reestructuración promovida por Washington —que negoció una participación del 35% en North American Blue Energy Partners (NABEP), la firma de Alejandro Betancourt, para operar 17 yacimientos— mantiene en incertidumbre el futuro de las concesiones previas. Michal Meidan, jefa de investigación sobre energía china del Oxford Institute for Energy Studies, señaló a Bloomberg que el nuevo marco hace improbable el pago de la deuda con China en el corto plazo, dudando que el tema sea incluido en la agenda de la reunión bilateral entre Donald Trump y el presidente Xi Jinping prevista para este mes.