Antonio de la Cruz: "La verdadera apertura petrolera no comienza cuando aparece el petróleo, comienza cuando aparece la confianza"

El acuerdo no generará una llegada inmediata de gigantes como Exxon o ConocoPhillips. El proceso será escalonado, iniciando con empresas independientes y de servicios con

El reciente acuerdo petrolero anunciado entre Estados Unidos y Venezuela ha generado diversas opiniones sobre su verdadero impacto en la economía venezolana. En una entrevista exclusiva, el especialista en economía y petróleo, Antonio de la Cruz, analizó los alcances de este pacto, advirtiendo que, aunque representa una oportunidad económica importantísima, el éxito real dependerá de la transparencia y de la capacidad del país para reconstruir la confianza institucional.

El dilema entre la recuperación industrial y el bienestar social

De la Cruz señaló que es fundamental separar dos aspectos: la recuperación de la industria petrolera y la transformación de esa mejoría en bienestar real para los ciudadanos. Si bien Venezuela cuenta con enormes recursos y reservas que rondan los 300.000 millones de barriles, gran parte de la infraestructura de superficie se encuentra deteriorada.

Para revertir esta situación, el país requiere de capital, tecnología, servicios especializados y capacidad gerencial. "Producir más petróleo no garantiza automáticamente prosperidad", advirtió el especialista, explicando que el beneficio real para la población estará sujeto a las condiciones fiscales, la distribución de las rentas, el control de las operaciones y los mecanismos de transparencia que se implementen.

La exigencia de una transparencia total

Uno de los puntos más críticos señalados por De la Cruz es la falta de información detallada sobre el acuerdo. Según el analista, hasta el momento solo se conocen anuncios políticos y cifras generales, por lo que la transparencia real comenzará cuando se publique el contrato completo con toda su arquitectura jurídica y financiera.

El especialista detalló cinco elementos esenciales que la opinión pública debe conocer:

* Los campos específicos incluidos y sus reservas certificadas.

* La identidad de los accionistas operadores.

* El monto de capital comprometido y los plazos de ejecución.

* La distribución de la producción, utilidades, regalías e impuestos.

* Las condiciones de duración, terminación y resolución de controversias del contrato.

Asimismo, enfatizó la necesidad de saber quién recibirá y administrará los fondos generados por las exportaciones de crudo, dado que se trata de recursos nacionales y compromisos que podrían extenderse por décadas. "Mientras mayor sea su importancia estratégica, mayor debe ser su transparencia", sentenció.

Tiempos de reactivación y cuellos de botella

Respecto a la producción, De la Cruz diferenció entre una reactivación rápida y la recuperación total de la industria. En campos maduros o brownfields —donde ya existen pozos e instalaciones recuperables— se podrían observar incrementos de producción en un plazo de 6 a 18 meses mediante reparaciones, mantenimiento, diluyentes y nuevos equipos.

Sin embargo, optimizar por completo estos campos maduros y recuperar la infraestructura de superficie, almacenamiento, mejoradores, terminales y refinerías podría tomar de 3 a 5 años, dependiendo del nivel de inversión y del deterioro acumulado. El analista advirtió que el principal cuello de botella no será el petróleo bajo tierra, sino la velocidad con la que se pueda movilizar capital, tecnología, taladros, servicios y personal especializado.

El retorno de las grandes petroleras: un proceso escalonado

Finalmente, De la Cruz aclaró que el acuerdo no provocará una llegada masiva e inmediata de gigantes petroleros como Exxon o ConocoPhillips. En una primera etapa, es más probable que ingresen empresas independientes y compañías de servicios con una mayor tolerancia al riesgo.

Para que las grandes corporaciones internacionales —que evalúan proyectos a plazos de 20, 30 o 40 años— decidan invertir, no basta con una licencia de Washington o un acuerdo político coyuntural. Estas empresas exigen seguridad jurídica, contratos ejecutables, reglas fiscales previsibles, mecanismos de arbitraje internacional y estabilidad política.

"El país tiene petróleo, pero todavía debe reconstruir confianza", concluyó De la Cruz, señalando que la verdadera apertura del sector no se dará por la simple existencia del recurso, sino cuando el país sea capaz de ofrecer garantías institucionales sólidas.